El blog de Ebroman


Golf sin cesped, sin agua, sin pesticidas

Publicado en medio ambiente, sequía por julijuli en Agosto 26, 2007

No suelo leer El Pais, así que esta noticia es de hace 2 meses, pero me parece muy interesante:

Aquí no hay ‘green’Sin césped, sin agua, sin pesticidas. El campo de golf Quijorna, en Madrid, es ecológico

SILVIA BLANCO

EL PAÍS – 29-07-2007 Enormes y verdes alfombras de hierba perfecta, milimétricamente cortada. Una laguna aquí, una loma allá. Alrededor, pulcras urbanizaciones privadas y, un poco más allá, tal vez el mar. Si esta es la imagen clásica que se tiene de un campo de golf, las encinas y los arbustos de Quijorna, en Madrid, evocan más bien la de un amplio secarral de 18 hoyos.Ni rastro de césped. Aquí crece de forma natural la grama, verde en invierno y amarillenta ahora en verano. No se riega, no se abona, no se fumiga. Éste es un campo de golf natural. Y junto a cada banderita, todo lo que hay es arena y esforzados jugadores tratando de controlar la bola. “Hacer un par aquí se cotiza alto”, comenta Paco López, director e impulsor, hace seis años, de Quijorna golf, a unos 40 kilómetros al suroeste de Madrid. Dejó la docencia de educación física para dedicarse al deporte que más le gusta y crear un campo sostenible con escuela de golf. “Hay que desterrar la idea de que éste es un deporte de élite que derrocha agua. Es cierto que el golf se ha utilizado como reclamo turístico para construir casas y destrozar el litoral. Pero también es una herramienta educativa y de interés social, que puede ser ecológico. Para jugar al golf no hace falta un campo de césped impecable. Es como decir que para alojarse en un hotel éste sólo puede ser de cinco estrellas”, argumenta.

En España hay 307.038 golfistas federados, cerca del número de licencias expedidas para, por ejemplo, baloncesto (320.543 en 2006). En Andalucía es donde se concentran más campos de golf, 92, el 83% asociados a promociones urbanísticas. Y se prevé la construcción de otros 200 más, como recoge el informe publicado por Greenpeace Destrucción a toda costa.

La rentabilidad económica de los campos es considerable: España es el destino líder en Europa de turismo de golf, en un negocio que movía en 2005 casi mil millones de euros, según datos de Turespaña. ¿El motivo? La temperatura suave que durante todo el año permite jugar, sobre todo en las zonas de costa como Valencia o Andalucía.

Un campo de golf consume al año unos 700.000 metros cúbicos de agua, el abastecimiento medio de una población de 12.000 habitantes en el mismo periodo. “No se está pagando el coste real del agua en el golf ni en agricultura. Pero, aunque pudiera pagarse, si hay escasez hídrica no puede prevalecer el beneficio económico sobre el consumo humano ni sobre el medio ambiente”, advierte Eduardo Mestre, director de la Tribuna del agua de Expo Zaragoza 2008.

En Quijorna el consumo de agua para riego es cero. Hasta ahora. El plan para dentro de dos años es plantar hierba “en lugares estratégicos”, indica Paco López: el green (el área que rodea al hoyo) y el antegreen. “Aquí hay una filosofía de desarrollo sostenible. Tenemos 300 abonados, pero éste es un campo duro, difícil para alguien acostumbrado a uno verde y es complicado controlar el bote, porque se respeta la orografía y la vegetación autóctona. Si queremos ser una alternativa realista a los campos de césped, tenemos que incluir hierba sólo en esas zonas, una mezcla de grama y cespitosa, abonada con enmienda natural”. Con todo, asegura López, “reducimos el consumo de agua un 80% respecto a un campo de 18 hoyos, donde se riegan unos 300.000 metros cuadrados. Nosotros regaríamos sólo 50.000″.

Otra alternativa al campo de golf convencional puede ser el césped artificial. Un equipo de investigadores del Instituto de Biomecánica de Valencia acaba de presentar el resultado de un año y medio de trabajo, pionero en España, aunque muy desarrollado en Estados Unidos. Se trata de una especie de manto de hierba, como una alfombra cosida al suelo, muy parecido al de los campos de fútbol. Y, como quien pasa la aspiradora por el salón, “sólo requiere una limpieza semanal con agua de la que se usa para limpiar las calles y un cepillado diario para que no quede aplastada”, explica David Rosa, coordinador de este proyecto, Golfturf.

El Ebro que quiere la Expo

Publicado en Expo, medio ambiente, ríos por julijuli en Agosto 26, 2007

Dejando a un lado las reticencias que la mayoría teníamos respecto a la necesidad de una Exposición Internacional en nuestra ciudad, algunos de nosotros vimos este evento como una oportunidad de cambiar el modo de hacer respecto al medio ambiente en general, y a los ríos en particular en esta ciudad. Confiamos, en razón del lema que justificaba el evento y de la gente que lo había promovído, en que serviría para recuperar nuestros ríos y riberas y para plantear de una vez otro tipo de desarrollo ( un desarrollo medioambiental, cultural y socialmente sostenible) de la ciudad. Otro tipo de relación con nuestros ríos y riberas, que provocara en la sociedad un cambio en la comprensión de su valor y su función. Permitiendo (en un objetivo ambicioso) la coexistencia de unos ríos que hubieran recuperado su salud y su “naturalidad”, con un medio urbano que respetara ese espacio y que permitiera a la vez a la sociedad acercarse y perder el miedo y la desconfianza hacia los ríos, de los que siempre ha sentido más temor que amor.

Con esta esperanza, aparcamos diferencias y nos propusimos colaborar para alcanzar esos objetivos, plasmados en unos Planes de Riberas del Ebro, Gállego y Canal Imperial.

Sin embargo, y a pesar de las declaraciones y planteamientos teóricos de los responsables de la Expo, pronto nos encontramos con las realidades. La obstinación por parte del Ayuntamiento en hacer un azúd en el Ebro daba al traste con el objetivo de hacer una gestión medioambientalmente sostenible, o siquiera de preservar minimamente sus condiciones ambientales. El proyecto del azud ha seguido adelante a pesar de las voces críticas de expertos, técnicos y organizaciones sociales, y de que se desmarcara del proyecto la empresa hidroelectrica que lo iba a construir, por su falta de rentabilidad empresarial y los problemas de seguridad asociados.

Los Planes de Riberas, al ir poniendose en marcha, han puesto en evidencia que no suponían ningún cambio en la concepción tradicional de tratamiento de riberas: lo primero son los conceptos teóricos y las viejas soluciones técnicas establecidas y lo último es el río. Lo único que se consiguió fue suavizar algunos de estos tratamientos, que en definitiva lo que plasman es una artifialización de las riberas.

Finalmente, y sabiendo que era una acción necesaria en el modelo de río diseñado , y ocultando hasta el final su necesidad, se plantea la mayor agresión contra el río Ebro: su dragado.

Con él se acaba de cerrar el modelo de río que se tenía pensado. Al contrario que los discurso sobre agua y desarrollo sostenible (ahora sabemos que vacíos), la imagen que acaba plasmándose, proveniente del cerebro de los responsables del evento, es la de una superfice azul y tersa, de aguas lentas, surcada por barcos de recreo, y enmarcada en orillas de cesped verde y embarcaderos de madera.

Nada que ver con el río Ebro, para el que lo conozca.

Se intenta plasmar aquí la fantasía soñada de ríos de otras latitudes y otra naturaleza (y, porqué no decirlo, de otras ciudades, a las que ésta no se parece), aunque para ello haya que someter, incluso eliminar, este río y su naturaleza.

Eso en Zaragoza sí lo sabemos hacer. Ya lo hicimos con el Huerva.