Aquí no hay quien viva
Si no nos estuvieran gobernando de verdad, nuestros políticos podrían ser los protagonistas un poco sosos de un serial cómico, como los vecinos de la famosa comunidad. No me digais que no sería divertido oir al vicepresidente llamar a la rebelión (pacífica, con pantuflas), o las rabietas y afán de protagonismo del consejero de Medio Ambiente, o las melifluas y panglosianas afirmaciones (vivimos en el mejor de los mundos posibles) de nuestro presidente, o los cacareos de todos ante las provocaciones levantinas … si no fuera porque son reales y las hacen los máximos representantes de nuestro baturro gobierno.
La postal navideña del gobierno de Murcia
¿Habeis visto la felicitación navideña que la Comunidad Murciana ha enviado a nuestro presidente? Aparece un mapa de España cubierto de nubarrones lluviosos, excepto en Murcia que aparece (agrandada) y cuarteada por la sequía, junto a la que un sol mustio parece servir en exclusiva. De unos grifos con un candado situados en la desembocadura del Ebro y en la cabecera del Tajo salen unos tubos que se dirigen a la comunidad de Murcia. El lema dice “Agua para Murcia que el mar ya tiene” ….
Lo primero que me ha llamado la atención en este torpe intento de manipulación demagógica (¿o de provocación?) es la mala calidad del diseño, lo pobre y cutre de la plasmación de la idea. Cuando se intenta vender una mentira de tal calibre es imprescindible toda la potencia de una imagen bien diseñada para hacer pasar lo intragable como verdadero. Aquí en Aragón somos maestros en colar recuas por pura sangre andaluces, así que podían haber copiado alguno de nuestros grandes ejemplos. Como es el caso -ya un clásico- de la exitosa campaña para vender el agua de Yesa a Zaragoza. La imagen de la silueta del Pilar recortándose sobre las cumbres nevadas del Pirineo, como si estuvieran en La Muela, era tan potente (y tan bien hecha) que coló el mensaje absurdo de que en Zaragoza necesitábamos agua “pura” del Pirineo. La campaña se reforzó con imágenes de niños bebiendo agua y duchándose, ocultando sin ningún pudor que la mayor parte del agua “pura” sería usada para nuestros retretes, lavadoras, lavavajillas, riego, limpieza publica, piscinas, industrias urbanas, etc.; y ocultando también que para conseguir eso había que destruir la vida y el modo de subsistencia de unos pequeños pueblecitos que serían destruidos por el recrecimiento del pantano.
Una última ocultación, que a pesar de lo evidente, sigue invisible para los zaragozanos, siendo el ejemplo más extraordinario de “carta robada” que conozco (el cuento de Poe se utiliza para caracterizar aquellos ejemplos de aquello que no se ve precisamente por evidente). El caso de ocultación es el de que a Zaragoza precisamente llega agua directamente del Pirineo por el río Gállego, que desemboca en la misma ciudad. Ocultar esta evidencia también tiene su explicación: habría que explicar por qué no se puede beber el agua del Gállego en Zaragoza.